Momentos fallidos
Después de una eternidad de silencios abrió los ojos y se había convertido en polvo; el lugar que habrían de ocupar sus sentidos había dejado paso a los olores enmohecidos del recuerdo, despitando el rocío del cielo y la quietud del mar.
Pretendió esbozar un pensamiento o tan sólo promulgar una efímera sonrisa pero sus brazos y sus pies estaban amordazados por su inexistente corporeidad.
Aún así, golpeaba precipitadamente las paredes de su cárcel, provocando inmensos torbellinos de melancolía…la desesperación de haberse reducido a millones de partes de la nada, confundía los ligamentos de su imaginaria cabeza….no era nada y, sin embargo, en el ambiente flotaban suspendidos trozos de recuerdos, desfigurados por el paso del tiempo.
Se escuchaban voces roídas que, imperceptibles, invocaban sueños, recordaban que algún día recordaban, sin fijar tan sólo un segundo su recuerdo.
La lúdica oscuridad de los silencios es una cárcel aterradora…su nueva constitución palpitaba entre el murmullo incansable de la soledad, pretendiendo encontrar la luz que lo transportara a nuevos senderos o que lo arrojara una vez más, pero para siempre, al valle ardiente de las brasas y los momentos fallidos.

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