martes 29 de abril de 2008

preguntas y respuestas

Para tener las respuestas indicadas es preciso elaborar la pregunta adecuada. Tal vez por eso sólo obtengo vagas, difusas y contradictorias contestaciones a mis múltiples e infinitas interrogantes. Hay mucho ruido en mi cabeza por estos días; miles de historias penden de hilos imaginarios y otras simplemente nadan en mi entorno como en un acuario, un acuario de sentimientos inconexos. Hay tantas voces y mucho silencio; demasiadas contradicciones y contadas certezas. Mi mente no para, no respira, no duerme sólo se expande y se contrae cual criatura en plena agonía. Hay movimientos telúricos en mi alma. Hay momentos en que las placas se acomodan y por instantes este intenso dolor aborda mi pecho. Es un dolor sordo y profundo que me roba la respiración. He muerto y renacido tantas veces como puestas de sol. Mi suelo es arenoso y movedizo. Mi cielo es rojo y estrellado. Mi alma es todo y nada. Yo existo y desaparezco. Soy del tamaño de lo que veo y, en este momento, soy un pequeño halo de luz silencioso que desaparece entre las sombras.
Tal vez necesito una dosis de luna o un baño de atardecer. Tal vez y, sólo tal vez, después de eso, logre formular las respuestas adecuadas y obtener respuestas precisas. Tal vez y, sólo tal vez, seré lo suficientemente valiente para entenderlas...

jueves 17 de abril de 2008

¿La historia de otro?

Es un jardín precioso. Siento el viento en mi cara y observo cómo se mueven delicadamente las hojas de los árboles. No me alcanza la mirada para reconocer los límites del lugar. Es verano y por ende, todo tiene un verde tan vivo que contrasta con la melancolía que se respira en el ambiente. Flores multicolores adornan las orillas de los pequeños caminos diseñados para transitar. Adoquinados y perfectamente alineados rompen en silencio las grandes extensiones de césped. Me encuentro ahí, tan pequeña en medio de esa inmensidad, viendo la gente pasar, intentando pertenecer a ese cuadro que parece tan ajeno y tan lejano. Fue la primera vez que huí de mi cuerpo. La primera vez que observé mi entorno como quien mira una película vieja y muda. Desde la copa de este encino trato de entender lo que sucede. Veo mi rosto tranquilo, sereno, presiento cómo el nudo que quema por dentro se ahoga en mi garganta impidiendo las lágrimas desbocarse por mi rostro. Veo mis manos quietas y mi boca emitir sonidos mudos. Una carpa distante, un férretro, un cuerpo inerte. No recuerdo una sólo palabra ni un sólo rostro. No recuerdo más sensación que la que la ausencia de sentimientos. El férretro baja en medio de susurros, no puedo retirar la mirada. Sé que ahí, en ese lugar, en esa caja gris rata, quedarán enterrados para siempre mi fe, mi inocencia y mi niñez. Sé que mañana estaré enojada, tal vez triste, pero seguro muy enojada. Tiro una rosa, mi vulnerabilidad y veo cómo la tierra poco a poco la desaparece.El silencio se hace cada vez más grande. Deseo tanto estar ahí, dentro de esa que será la casa del que fue su cuerpo, haciéndole compañía. Me atormenta la idea de la soledad que viviría por toda la eternidad. Y entonces, como un resplandor instantáneo, llegó a mí esta verdad: en este momento, es cuando comienza y es donde terminará mi historia.
Las lágrimas humedecen mi rostro. No estoy segura si es por el pasado o por el futuro. Sólo siento esta soledad que se hace cada vez más grande y cómo me hago más y más pequeña.
Ha pasado el tiempo y en lugar de hacerse real se hace cada vez más abstracto y difuso. Hoy, parece que es tan sólo es el recuerdo intuido de la historia vivida por otro. Tal vez sólo sea un sueño. Posiblemente mañana, cuando abra los ojos, las páginas estén en blanco nuevamente. Silencio que ahora cerraré mis ojos. Ojalá que esta vez si pueda despertar.

sábado 5 de abril de 2008

...unas gotas de pasado

Tengo los ojos cerrados y puedo sentir el sabor amargo en mi boca. Cómo el vino recorre lentamente, a través de mi sangre, todo mi cuerpo. Esta suave y placentera sensación de adormecimiento y de libertad. La última vez que me sentí tan libre tenía 3o años. Tenía una vida a mis pies, una esposa devota y una, a los ojos de los demás, vida perfecta. Un hijo en camino era lo que terminaría por culminar nuestra felicidad. Mi esposa, sin embargo, en aquel tiempo sentía que todo estaba perdido. Su vientre crecía a agigantados pasos día con día, demostrándonos su independencia, la inercia misma de cualquier ser vivo.
Mi trabajo era tan prometedor que pensé que viviríamos siempre en la opulencia. Mi hijo, ese pequeño pedazo de ser que venía en camino, sería la culminación de todas mis alegrías. Era mi razón para despertar cada mañana, mi esmero en ser una mejor persona, mi ilusión de ser una inspiración para él. Mi vida cambió de rumbo. Repentinamente. Un día amanecí, en un extraño lugar, sin nombre, sin familia, sin memorias y sin rumbo. El escenario devastado. Yo, tan solo como mi borrada memoria. No recordaba siquiera quién fuí.
Hoy estoy borracho. Tan borracho que no puedo siquiera sostenerme en pie, sin embargo, me siento libre. Recuerdo claramente a mi esposa, a mi hijo en su vientre, a mi futuro prominente y me estremezco. Me suelto a llorar en esta banqueta, de esta fría y devastada ciudad en la que todo parece tan diferente y muerto. No reconozco nada, nisiquiera a mí mismo y, sin embargo, al menos, a diferencia de todos los otros cuerpos que deambulan por aquí, al menos recuerdo algo. Al menos siento algo. Algún día amé y, en el fondo de mi alma, sé que algún día seré encontrado. Sólo tengo que esperar. Seguir fingiéndome vacio, seguir siendo un número más en esta escala interminable de colecciones. Un día, volveré a abrir los ojos y estaré junto a mi mujer, abrazando a mi hijo, soñando con el futuro, sintiéndome feliz.

miércoles 2 de abril de 2008

Y el día acabó.

A veces soy tan sólo una. Otras, como hoy, soy una multiplicada al infinito. Mis recuerdos caminan a la par, mi presente se desdobla y mi futuro se bifurca. Si fuera una razón matemática, en este momento sería una ecuación compleja. Un premio Nóbel se ofrece a aquel valiente que logre resolverla. El día ha muerto. Es hora de partir al encuentro de ese mundo, tan simple, tan loco, tan mío. El mundo de mis sueños.

El último aliento

Desde la humilde morada de mis ojos, toco tu recuerdo como si fuera un pergamino abierto. Siento tus palabras, respirarme al borde de la piel. Sensualmente recorrerme, conquistarme. Degusto el sabor amargo de tus cabellos y el insipiente rayo de tus palabras. El tic tac del reloj me recuerda que fue hace tanto tiempo que te tuve, que vibré dentro de tu cuerpo, que vigilaste, sentado al pie de mi cama, mi perturbado sueño. Hace muchas vidas tus palabras volaban a mi encuentro y rebotaban en la pared de mi encierro. Tus lágrimas deslizaron cual huracanes violentos. Yo quise embalsamar tu alma con agua de rosas para apaciguar tu dolor, detener el tiempo, borrar mi existencia de tu memoria. Oscurecer el cielo. No pude hacer nada más que callar. En mi pequeño claustro no había lugar para lágrimas, ni para encuentros. Sólo cabían un par de recuerdos. La última escencia de tu rostro. Tu saliva en mis besos. La luz se apagó lentamente. No pude luchar más, mi fuerza se extinguió. Este es mi momento. Sólo escucho cada vez más lejana la tierra que cae sobre mi férretro. Quiero aferrarme a tu aroma. Ahora ya no recuerdo. Ya no existo. Ya no siento. Ya no soy nada. Este es mi último aliento.

La luna - Jaime Sabines

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas