domingo 11 de mayo de 2008

Duerme, duerme corazón.

Hoy amanecí con ganas de matarte. Quisiera poder recrear una historia elaborada. Tener un motivo profundo o si acaso poder apelar a un ataque de locura temporal. La pérdida de la razón resulta ser una coartada sencilla y eficaz para justificar un asesinato. Sin embargo, no tengo mas excusa que la del profundo deseo que me asaltó al despertar esta mañana. Debo confesar me llena de vergüenza la simpleza de mi acto. Observo delicadamente la silueta de tu cuerpo y percibo la perfección de sus líneas. Tu rostro perfecto, como muñeca de porcelana, descansa en la almoada como una pieza fina de decoración. Estas tan quieta, tan inmóvil y etérea y, sin embargo, nunca habías estado más bella. Es un acto vil que algo tan hermoso como tú desaparezca de una manera tan banal. Aún así, no me arrepiento. Mis emociones se mueven como remolinos de agua creados por niños inquietos en una alberca cualquiera. Me llena de júbilo haber satisfecho mi deseo. Las lágrimas corren por mis mejillas al ver concluído el acto. Me gustaría quedarme, sin embargo, se hace tarde, es hora de partir. Es una lástima no poder contemplar más tiempo la perfección de tu sueño. Te doy un beso en la mejilla y te digo entre susurros: duerme, duerme corazón. Me doy la vuelta y con paso lento me alejo en silencio. La luz se apaga lentamente. No queda ningún pensamiento. Duerme, duerme corazón. Son las últimas palabras que escucho, a lo lejos.

3 comentarios:

Blogger Alexia Lefebvre ha dicho...

Me gustó mucho este cuento. No hay peor asesinos que los de mente fría, racional. Buen personaje! Abrazos literarios.

mayo 13, 2008 11:39 AM  
OpenID vientodeluna ha dicho...

¿De veras no tendrá esta persona ninguna razón para hacer lo que hizo? Se me ocurre que tal vez el miedo a la belleza es tan grande que te hace cometer mentiras oscuras...

mayo 15, 2008 1:20 PM  
Blogger Maykel ha dicho...

No es el miedo a la belleza sino una afición a lo bello definitivamente desgarradora, insoportable, imposible de dominar... Es que el grado superior de su belleza ella lo alcanzaba así, dormida. Probablemente la afeara su voz o tuviera ojos inexpresivos; ahora todo es elucubración. Pero el asesino es un artista.
Como tú, Bianca.

mayo 20, 2008 12:38 AM  

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