¿La historia de otro?
Es un jardín precioso. Siento el viento en mi cara y observo cómo se mueven delicadamente las hojas de los árboles. No me alcanza la mirada para reconocer los límites del lugar. Es verano y por ende, todo tiene un verde tan vivo que contrasta con la melancolía que se respira en el ambiente. Flores multicolores adornan las orillas de los pequeños caminos diseñados para transitar. Adoquinados y perfectamente alineados rompen en silencio las grandes extensiones de césped. Me encuentro ahí, tan pequeña en medio de esa inmensidad, viendo la gente pasar, intentando pertenecer a ese cuadro que parece tan ajeno y tan lejano. Fue la primera vez que huí de mi cuerpo. La primera vez que observé mi entorno como quien mira una película vieja y muda. Desde la copa de este encino trato de entender lo que sucede. Veo mi rosto tranquilo, sereno, presiento cómo el nudo que quema por dentro se ahoga en mi garganta impidiendo las lágrimas desbocarse por mi rostro. Veo mis manos quietas y mi boca emitir sonidos mudos. Una carpa distante, un férretro, un cuerpo inerte. No recuerdo una sólo palabra ni un sólo rostro. No recuerdo más sensación que la que la ausencia de sentimientos. El férretro baja en medio de susurros, no puedo retirar la mirada. Sé que ahí, en ese lugar, en esa caja gris rata, quedarán enterrados para siempre mi fe, mi inocencia y mi niñez. Sé que mañana estaré enojada, tal vez triste, pero seguro muy enojada. Tiro una rosa, mi vulnerabilidad y veo cómo la tierra poco a poco la desaparece.El silencio se hace cada vez más grande. Deseo tanto estar ahí, dentro de esa que será la casa del que fue su cuerpo, haciéndole compañía. Me atormenta la idea de la soledad que viviría por toda la eternidad. Y entonces, como un resplandor instantáneo, llegó a mí esta verdad: en este momento, es cuando comienza y es donde terminará mi historia.
Las lágrimas humedecen mi rostro. No estoy segura si es por el pasado o por el futuro. Sólo siento esta soledad que se hace cada vez más grande y cómo me hago más y más pequeña.
Ha pasado el tiempo y en lugar de hacerse real se hace cada vez más abstracto y difuso. Hoy, parece que es tan sólo es el recuerdo intuido de la historia vivida por otro. Tal vez sólo sea un sueño. Posiblemente mañana, cuando abra los ojos, las páginas estén en blanco nuevamente. Silencio que ahora cerraré mis ojos. Ojalá que esta vez si pueda despertar.
Las lágrimas humedecen mi rostro. No estoy segura si es por el pasado o por el futuro. Sólo siento esta soledad que se hace cada vez más grande y cómo me hago más y más pequeña.
Ha pasado el tiempo y en lugar de hacerse real se hace cada vez más abstracto y difuso. Hoy, parece que es tan sólo es el recuerdo intuido de la historia vivida por otro. Tal vez sólo sea un sueño. Posiblemente mañana, cuando abra los ojos, las páginas estén en blanco nuevamente. Silencio que ahora cerraré mis ojos. Ojalá que esta vez si pueda despertar.

2 comentarios:
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Después de este sueño de traiciones e inconsciencia, siempre viene la hora de abrir los ojos y levantarse del letargo. Y esta es la parte más difícil: miras de frente al abismo de la vida y la muerte; es una sensación tremenda.
Pero créeme que vale la pena: es mil veces mejor vivir y morir como uno mismo que sobrevivir como otro. Y además no estamos solos, habemos mucho loquitos en el mundo que compartimos esta peculiar manera de existir.
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