jueves 29 de noviembre de 2007

Mi sueño

Lo miro ahí, postrado en ese suelo frío, silencioso e inerte y me dan ganas de llorar. Cierro los ojos para contener el sentimiento. Fallido intento. Las lágrimas corren lentas y gruesas zurcando mi rostro. Los pensamientos se atropellan unos a otros. Ahí está. Tan solo. Tan triste. Tan muerto. Ahí está mi sueño.

Sedentarismo autoinducido

Pasaron los años y, con ellos, los días de lluvia intensa, de sol extremo. De nieve, de frío, de polvo. También los de otoño y los de primavera. Los de los pájaros que se postraban en su chaleco roído y el de las mariposas que emigran. Los días de movmiento y los días de soledad. Nada de eso importaba. Esta ahí, esperando anónimamente a voverla a ver. Tan sólo bastó un segundo. Un cruce de miradas un sonrisa tímida para que su vida perdiera el rumbo. Ella se perdió entre la gente del autobús. El siguió caminando en la acera congestionada del medio día. Intentó hacer fortuna, viajó por todo el mundo. Estuvo con mujeres, vivió al extremo todos los placeres. Nada lo satisfacía. Sólo ansiaba volver a ver, aunque fuera un solo instante, aquella mirada trigueña, ese rostro pálido y de apariencia suave como la seda. Esos cabellos obscuros bailar desordenados en el compás de su rostro. Así que decidió dejarlo todo y sentarse a esperar en aquella acera. Han pasado años. El color de su cabello es blanquecino y sus ojos cansados. Su piel está agrietada pero en su mirada todavía se percibe el brillo de la esperanza. El tiempo siguió su camino y, un día sin previo aviso murió. Lo encontró una señora de avanzada edad. Regresaba a esta ciudad después de 50 años de ausencia. Se detuvo en una acera, en esta acera y ahí lo encontró. Ella sonreía. Sabía que su camino había llegado a su fin. Se alejó en silencio. Entre su avejentado rostro podían distinguirse sus ojos trigueños y los mechones de cabello que caían sobre él desordenados.

miércoles 28 de noviembre de 2007

La ambiguedad de mi existencia. Parte V.

¿Cuál es el vértice que determina mi existencia? ¿Basado en qué, puedo justificarme como real? Tengo sensaciones y emociones. Pienso, imagino, reflexiono y me comunico. Tengo gustos y preferencias. Poseo sueños, metas y temores como cualquier otra persona. Tengo un un buen amigo y amo a una mujer. Trabajo y me gusta, hasta cierto punto, interactuar con la gente. Soy amante de la perfección y me gusta la belleza. Soy buen mozo, energético y articulado. Tengo una inteligencia superior al promedio y me apasiona aprender. ¿Por qué nada de esto parece ser suficiente?

La ambiguedad de mi existencia. Parte IV.

Son ya las doce e Ignacio no llega. Voy a esperar unos minutos más. Él siempre ha sido muy puntual. No acostumbra plantar a la gente. Al menos no a mí. Es cierto que a veces con sus comentarios sagaces me lastima, pero yo lo quiero. Es más lo que aporta a mi vida que el dolor emocional que me causa en ocasiones su comportamiento. Él es la única persona que me comprende. Me acepta aún siendo ermitaño. Él es el único que me conoce alegre. Que sabe mis anhelos y ha escuchado y visto mis más grandes miedos. Es el único que comparte mi soledad y mi temor al intercambio social. Sólo él está al tanto del hecho que nunca he estado con una mujer sin haberle pagado; que sólo amé una vez y nunca fui correspondido. Que me gusta recortar las A mayúsculas de las revistas y guardarlas en sobres blancos hechos por mí. Únicamente a su lado me siento fuerte, seguro. Me siento capaz de abrirme sin temor, de vivir en el mundo. Me hace esperar ansioso cada día, la hora del almuerzo, para platicar con él. Ese momento es el que me da fuerzas para mantenerme en pie. Para no sentirme tan perdido en este mundo. Para alejar estos pensamientos que, en soledad, no paran de rondarme en la cabeza. Estos oscuros pensamientos que tanto me asustan. Es la una menos cuarto. No hay ninguna señal de él. Tendré que comer solo otra vez. Voy a reportarme enfermo al trabajo y a deambular por los sitios que frecuentamos. Con suerte y se algo de su paradero. Me rehuso a vivir mi vida sin él.

La ambiguedad de mi existencia. Parte III.

Todo es un poco vertiginoso en este momento. La cabeza me da vueltas. No logro ver ni pensar con claridad. Me parece escuchar la voz del Dr. Rodríguez. Se escucha pesado y distorsionado. Hay una tercera persona. No soy yo, no es el doctor. No logro reconocer el timbre. Todo está muy borroso y es muy confuso. Voy a cerrar los ojos un momento. Se siente mejor así. El mareo está pasando y la sensación de vértigo se evapora. Las voces se hacen cada vez más nítidas y aumentan su volumen. Hablan de mí. Intento prestar atención para entender su significado pero se callan de manera abruta. Se escucha un portazo. Abro los ojos y me encuentro en el mismo cuarto que ayer. En este horrendo cuarto con olor a humedad, podredumbre y olvido. Estoy solo y es, ésta, al parecer, mi nueva realidad.

La ambiguedad de mi existencia. Parte II.

Mi nombre es Andrés. Tengo 42 años. Soy soltero y vivo solo. No tengo familia, ni mascotas ni plantas. Trabajo en una imprenta y gano una miseria. Soy tímido y me falta carácter. Me cuesta mucho decir que no. Tengo sólo un amigo, Ignacio, tiene 30 años. Es independiente, guapo, arriesgado e inteligente. Su amistad me ayuda a sentirme más seguro de mí mismo. No le gusta el café, lo ponen nervioso las personas "que hablan con las manos" y ama comer cal a escondidas.

Hace unos días desapareció. No he sabido nada de él y estoy preocupado. Desde que nos conocemos no habíamos dejado nunca de vernos. Lo extraño. Me siento tan perdido sin él. Me he vuelto mas taciturno que de costumbre. La gente me evade con mayor empeño que antes. Yo evado a la gente con mayor ahinco también.

Me acabo de dar cuenta de que no se nada de él. Desconozco si tiene familia, otros amigos. No se a ciencia cierta en qué trabaja. Sólo se de Rocío. Sólo tengo eso, un nombre sin rostro, sin apellido, sin lugar. ¡Estoy perdido!. No sé dónde comenzar a buscar. Lo que tengo seguro es que lo extraño. No me gusta estar solo y esta soledad se está haciendo cada vez más grande. La idea de perderlo para siempre me aterra. No he podido dormir desde su desaparición. Voy a intentar conciliar el sueño. Tal vez esto no sea más que una pesadilla y mañana lo vuelva a encontrar para almorzar, como todos los días. Como siempre. Tal vez al abrir los ojos mi vida vuelva a la normalidad.
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La ambigüedad de mi existencia. Parte I.

Me sorprendo una y otra vez cada vez que intento recordar cómo terminé aquí. Si la casualidad existe, entonces podría decir que toda mi vida fue un juego de dados tirados al azar que cayeron en una combinación poco afortunada. Intento convencer a los demás que estoy vivo, que soy de carne y hueso. Tal vez más que a todos, intento convencerme a mí mismo. No he tenido éxito en ninguna de las dos tareas. Mientras más me esfuerzo en probar mi existencia más "especialistas" me rondan y me intentan convencer, por todos los medios, desde la charla sutil, hasta los medicamentos agresivos, que yo no existo. A veces dudo si tengo cuerpo. Algo en el fondo me hace intuir que lo tengo compartido, como si tuviera un siamés invisible que me acompaña todo el tiempo. Un día dormía plácidamente esperando ir al trabajo y al otro día, al despertar, me encontraba aquí, en medio de estas cuatro paredes que huelen a humedad, a podredumbre y olvido.

No recuerdo cuándo nací. Ni tampoco recuerdo mi infancia. ¿Mis padres? no lo sé, no logro ubicarlos en mi memoria. A pesar de eso sé una infinidad de cosas a cerca de mí: no me gusta el café, me dan miedo las aves y cualquier animal o cosa que vuele, me ponen nervioso las personas que "hablan con las manos", me gusta el fuego y comer pedazos de cal a escondidas. Disfruto de estar vivo, aunque no lo demuestro. A menudo lastimo, sin querer, a la gente que más quiero. A veces me siento muy solo. He deseado en ocasiones desaparecer.

Mi mejor amigo se llama Andrés. Es una persona alegre y sencilla. Es humilde y le gustan las cosas simples de la vida. Su único defecto: su carácter débil hace que la gente se burle de él, que lo pisoteen. No sabe decir no y teme estar solo. Lo extraño. En medio de este encierro es muy difícil comunicarme con él. Está prohibido. ¡Gente estúpida!. No sé, entonces, cómo he de matar el tiempo.

Deambulo por los pasillos vacíos día y noche. Esperando a que alguien se digne siquiera a mirarme. La gente pasa, me esquiva, me miran de reojo y fingen que no me ven. Tengo que robarme la comida y tomar agua de las llaves enmohecidas. ¡Es un asco la limpieza en este lugar!. Alguien tendría que poner orden o al menos supervisar un poco. En mis vueltas encuentro a Patricia, la chica encargada de limpiar los baños, siempre platicando con Omar, el portero. Intercambian risitas coquetas, chistes de barrio y una que otra insinuación. Él, es casado. A ella parece no importarle ni eso, ni cumplir con su trabajo. Alguien va a morir en este lugar, sin no es por desolación, seguro es por la ausencia de higiene.

He tratado de comentarle al Dr. Rodríguez esta situación. No quiere escucharme. Si no existo ¿por qué habría de importarle mi opinión?. Aún así la emito indignado y con tono teatral como es mi costumbre. El sonríe entre burlón y compasivo. Levanta la vista, me mira profundamente y comienza a escribir en su gran cuaderno blanco. Pone cara erudito y, de manera pausada, con esa voz plana, llana y sin color que tanto odio, comienza a decirme, ¡una vez más! que yo no existo. ¡Coño! ¡Pero qué terquedad la de esta gente!.

Creo que sería preciso llamar a Rocío. Ella puede probar mi existencia. Ella fue el inicio y tiene que ser el final. La imagen más nítida que recuerdo es la de ella. La primera vez que la vi todo cambió en mi vida. Fue cuando tomé conciencia de mi existencia, de mi cuerpo, de mis ganas, de mi esencia. La vi, con ese vestido simple, con la cara ácida y con el tono cansado. Sirviendo hora tras hora un café con olor a quemado y comida gastada. Me gustaba sentarme ahí, en la esquina y observarla. Fingía leer un periódico. Comía sólo un pequeño pedazo de pastel. Era lo menos malo del lugar. Las horas se iban furtivas, como efímeras gotas de lluvia. Nunca reparaba en mi mirada. Nunca me atreví a hablarle. Un día volví, decidido y ella se había marchado.

La vida pasó y la casualidad jugó sus fichas. En medio de la muchedumbre, en una plaza anónima de esta ciudad, en la que caminaba perdido y sin rumbo, la ví a ella. Era una esquina poco iluminada y el tiempo había hecho sus estragos. Su cuerpo era un poco más voluminoso, su mirada más cansada, el olor a aceite quemado se había impregnado tanto en su cuerpo que podía olerla a metros de distancia. No nos dijimos nada.

Nos amamos en mi pequeño cuarto, de mi sucio barrio, de mi humilde morada. Lo último que vi antes de aparecer en este horrendo lugar fue su cuerpo tendido, al lado mío, plácido y en calma.

Todavía no logro explicarlo. ¿Ella habrá tenido algo que ver?. Nunca nadie menciona a Rocío. Nisiquiera yo. No había querido involucrarla hasta ahora. Es imperativo que hable con ella. Ella más que ninguna otra persona, puede testificar que me conoce; que tan sólo hace unas...¿horas? ¿días? que nuestros alientos se mezclaron; que dormimos junto; que su respiración se mezcló con el olor a jazmín del ambiente. Que nos deseamos con tanta intensidad.

¡Si tan sólo supiera dónde encontrarla!. Tal vez está esperándome en mi pequeño cuarto. Probablemente se quedó con la cena servida aguardando mi llegada del trabajo. Tal vez ellos la tienen encerrada, como a mí. Tal vez intentan hacerla dudar a cerca de su existencia.

Estoy agotado. Voy a dormir un poco. Me hace falta. Tengo desde que llegué aquí que no he podido conciliar el sueño. Es difícil relajarse en este lugar. Me dan miedo los locos. Me asustan sus gritos en la oscuridad. El cansancio me ha hecho perder la noción del tiempo y de la realidad. Estoy comenzando a creer que es verdad que no existo.¡Qué locura!. Necesito reposar la mente. Esta vez voy a tragarme la medicina para poder dormir un poco. Necesito energía para poder ver la situación con más claridad. Tal vez no se trate más que una pesadilla y mañana cuando despierte, estaré junto a Rocío, le daré un beso antes de partir al trabajo y todo volverá a la normalidad.

martes 27 de noviembre de 2007

12-Feb-99

Después de una eternidad de silencios abrió los ojos y se había convertido en polvo; el lugar que habrían de ocupar sus sentidos había dejado paso a los olores enmohecidos del recuerdo, despitando el rocío del cielo y la quietud del mar.

Pretendió esbozar un pensamiento o tan sólo promulgar una efímera sonrisa pero sus brazos y sus pies estaban amordazados por su inexistente corporeidad.

Aún así, golpeaba precipitadamente las paredes de su cárcel, provocando inmensos torbellinos de melancolía…la desesperación de haberse reducido a millones de partes de nada, confundía los ligamentos de su imaginaria cabeza….no era nada y, sin embargo, en el ambiente flotaban suspendidos trozos de recuerdos, desfigurados por el paso del tiempo.

Se escuchaban voces roídas que, imperceptibles, invocaban sueños, recordaban que algún día recordaban, sin fijar tan sólo un segundo su recuerdo.

La lúdica oscuridad de los silencios es una cárcel aterradora…su nueva constitución palpitaba entre el murmullo incansable de la soledad, pretendiendo encontrar la luz que lo transportara a nuevos senderos o que lo arrojara una vez más, pero para siempre, al valle ardiente de las brasas y los momentos fallidos.

...recuerdos

Los recuerdos caminan conmigo. De mi mano, van silenciosamente agarrados acompañándome en mi andar cotidiano. Me resulta tan incomprensible la manera en la que funcionan los recuerdos; en mi caso, deambulan sin cronología, sin antes ni después. Muchos de ellos no logro ubicarlos en el tiempo; no logro, a ciencia cierta, reconocerlos como míos. Me han visitado recuerdos de todo tipo, sin embargo, en su mayoría han sido recuerdos simples, de hechos cotidianos como comer, lavar los trastes, escribir en un cuaderno, sacudir una repisa, hacer un examen cualquiera. Parecieran a simple vista intrascendentes. Son pedazos de mi vida pasada, de una vida continua que me cuesta tanto reconocer como mía. Mi manera de vivir es más sensacional que lineal. Tengo problemas fuertes en tratar de recordar una fecha, mi edad. Para lograrlo, tengo dividida mi vida en años escolares, en semestres, en trabajos. Cada vez que quiero establecer una fecha o una época debo hacer ese complicado ejercicio y volver para atrás: 2 años en CNH, 1.5 años en SUVI, 6 meses sin trabajar, último semestre carrera y así sucesivamente hasta llegar al recuerdo deseado. Es como leer una revista al revés. Siempre comienzo por la última hoja hasta llegar a la primera; de no ser por la trama, haría lo mismo con los libros (aunque, en realidad, en repetidas ocasiones he leído el final antes de siquiera abrir el libro por el principio). Tengo un extraño desapego por los sucesos, tal vez por eso me cuesta tanto trabajo verme reflejada en mis recuerdos. Por eso me sorprendo tanto al encontrarme haciendo cosas que tal vez ya no hago, no por cambio, sino por olvido, sin sentir ningún tipo de añoranza. Es como comprar siempre un desodorante de una marca diferente ya que nunca logro recordar a ciencia cierta si tal o cual marca me gustó o no. Nisiquiera el tinte para el cabello, que tengo 10 años pintándomelo, logro definir qué marca me gusta o cuál no, aún cuando en el momento de usarla tenga ideas muy concretas y definidas. Soy una consumidora desleal, incluso conmigo misma. Me encanta recordar porque es igual de emocionante como ver una buena película o encontrar en una caja algún objeto sin valor pero muy preciado que no recordaba tener. Me sorprendo con las cosas más simples de la vida, miro mis recuerdos como en una pantalla, como una serie de televisión en donde está relatada la vida de terceros.
Tal vez es por eso mi incapacidad real de estar en el mundo. Vivo intensamente cada momento, con su principio y su final y, después, en algún momento de mi vida aprendí, o decidí o pensé, no lo sé, que lo más sano era que, al morir, dejara partir los momentos vividos. Es tan arraigada esta costumbre de soltar momentos cual globos de helio que, inclusive el pay de manzana que hice ayer, me parece tan ajeno a mi existencia que me asusta.
Las grandes mentes en este mundo parecían tener una incapacidad similar. Al menos ellos lograban comulgar con el mundo a través de su arte. Algún día, escribir para mí fue el puente con el cual vinculaba mi ser con el mundo exterior; después fue la pintura. Después olvidé que no pertenecía al mundo y me esforcé incansablemente por vivir en él, tener una carrera, un trabajo mundado, un sueldo fijo, responsabilidades grandes. No funcionó. Sólo siento que ese tiempo, en el que no tuve un sólo vínculo con el exterior, fue como estar dentro de un sueño. Ahora lo pienso, y lo pienso seriamente y fue como un tiempo muerto. Como estar en coma. Como estar borracho y tener un flash back de lo que sucedió la noche anterior. Como despertar junto a un desconocido en la cama sin haber recordado siquiera haber salido de tu casa la noche anterior.
Ahora estoy lúcida nuevamente. La tristeza se evaporó. Era un señuelo, en ausencia de humo, la tristeza tomó su lugar e intentó ser el flanco detrás del cuál habría de esconderme. Ya me cansé de estar trite y de ver pasar al mundo. Hoy, me desperté con esta magnífica sensación de bienestar y fortaleza. Hoy me siento nuevamente entera. Hoy me encantaría fumar un cigarro, faltan tan sólo unos cuántos días y habré cumplido un año entero sin fumar. Sin embargo, hay días que, como hoy, me encantaría estar con alguien querido, en un vips cualquiera, con una taza de café descafeinado en la mano, una buena plática y la compañía de un buen cigarro. Hasta esa escena me parece tan distante. Toda imagen que sea mía en la cuál esté acompañada por un cigarro se me figura a la fotografía de alguien más. Ya no me concibo, sólo recuerdo, a lo lejos la escencia de esa alma, que dicen las malas lenguas era yo. No tengo más que soltar estas palabras. Que vuelen lejos y pasen a ser, el día de mañana, un recuerdo más por redescubrir en el futuro.

lunes 26 de noviembre de 2007

Protector solar...no me olvido de lo esencial.

miércoles 21 de noviembre de 2007

20 cosas a cerca de mí...

Es tan difícil ser honesta conmigo misma, me es tan complejo a estas alturas ser transparente, me cuesta tanto ser quien soy, sin sentirme pequeña, débil y asustada si no porto el caparazón sobre mi alma. Este tiempo ha sido un tiempo de movimientos internos, dolorosos, de crecimiento interior. Las revelaciones que he tenido:

  1. No puedes escapar de ti mismo; vayas a dónde vayas, te escondas en dónde te escondas, siempre estará tu alma, vigilante y atenta, apuntando sus observaciones. No importa si quieres o no escucharla, ella siempre comenta, a viva voz, o con subtítulos, aquello que opina de las circunstancias cruciales en tu vida.
  2. He tenido tanto miedo al rechazo que he sido muy adaptable; por eso la mayoría de mis relaciones no han funcionado. Como la novia fugitiva, descubrí que "no sabía cómo me gustaba comer los huevos". Tengo intereses fijos y que me determinan, sin embargo, tengo intereses "variables" que en realidad no son más que concesiones que hago a la otra gente por el temor muy profundo de no gustar, de ser rechazada, de preguntarme qué está mal en mí.
  3. Soy una niña asustada. Soy una niña que necesita mucho amor y cuidado. Soy una niña que necesita mucho cariño y detalles. Soy una niña que nunca se dio realmente la oportunidad de amar y ser amada porque, según ella, estaba incapacitada. La verdad es que tan sólo estaba asustada, lastimada y muy sola.
  4. Tengo una gran capacidad de amar y de entregar cariño. Tengo tanto amor para compartir que no se qué hacer con él. Tengo tanto que dar, que entregar, que se me sale del pecho. Tengo tantas ganas de amar y sonreír, tantas ganas de ser inmensamente feliz.
  5. Le tengo miedo a la felicidad. Muy en el fondo, estoy esperando a que algo malo suceda. No soy pesimista por naturaleza, sin embargo, siempre espero, humilde y tímida, que algo fuera de la realidad, de lo normal, pase y acabe con mi dicha. No me siento merecedora de ella y se que tengo derecho a ser feliz, simplemente no he seguido los pasos adecuados.
  6. Las cosas más simples son las que más te llenan. Los detalles más pequeños, son los que dejan una huella más grande en el corazón.
  7. No tengo apego por el dinero; sin embargo, es necesario como un medio para poder hacer lo que quieres, hasta cierto sentido. Ahora tengo tiempo y no tengo dinero y hay tantas cosas que me encantaría hacer y están tan fuera de mi alcance. Ironías de la vida.
  8. Creo fielmente en que el amor existe, en que hay magia en el universo, creo en las almas gemelas y en las causalidades. Creo que de cierta forma la vida nos presenta las posibilidades y nosotros somos los que decidimos apostar o no apostar.
  9. Que el amor es libre; no debe estar sujeto a ningún tipo de ataduras, ni obligaciones, más que las que marca el corazón. El amor está libre de culpa y de sospecha. El amor te hace libres y fuertes y valientes. El amor te ayuda a ser quien eres en realidad, con tus virtudes y defectos. Te hace crítico de ti mismo de una manera cándida y dulce. Te hace desear ser mejor día a día para merecer el amor que recibes y para dar un amor más puro.
  10. Los sueños no son siempre lo que uno piensa; a veces el resultado es lo que menos importa a final del camino. Son los momentos vividos, la experiencia adquirida, la evolución emocional.
  11. Ahora soy una hoja en blanco. No tengo futuro, no tengo sueños, sólo el tiempo que pasa presuroso y me presiona con sus pasos. Estoy yo, otra vez, flotando en una tarde helada de invierno, tratando de decidir hacia qué punto he de dirigir esta vez mi embarcación.
  12. La pasión ha vuelto. No estoy muerta por dentro, estoy tan viva que quisiera grita y reír. Que quisiera explotar en un momento.
  13. No tengo ningún problema en compartir todo lo que tengo y todo lo que soy con las personas que amo. Me lastima cuando no es recíproco, sin embargo, doy sin esperar recibir. Hoy, tengo las manos vacías en todos los sentidos posibles. No tengo nada más que mí misma, dos pares de zapatos, un par de libros, unas cuántas prendas de vestir y unos pocos pesos desgastados.
  14. El mundo me duele. O soy muy sensible o soy muy tonta o soy muy ignorante o soy incapaz de adaptarme a la realidad que me circunda pero, por más que lo intento, siempre termino sentada sola, en una banqueta cualquiera, viendo pasar el mundo que gira vertiginoso en frente de mí sin poder siquiera sentirme parte de éste un instante.
  15. Me da vergüenza conmigo misma pensar que tal vez he fracasado en la vida. Me da vergüenza no saber a ciencia cierta qué significa el éxito para mí. Estoy muy confundia al respecto.
  16. Cada vez me siento más débil. Extraño mi entereza y seguridad. Extraño mi audacia y mi sonrisas. Extraño mi fuerza. Extraño la fe inmensa que tenía en el mundo y la perseverancia inamovible para conseguir siempre exactamente cuanto quería.
  17. A veces quiero cerrar los ojos y desaparecer. A veces me siento tan sola, inexistente. A veces pienso que nadie notaría realmente mi ausencia, tal vez nisiquiera yo misma. Me asusto con mis pensamientos. Me entristezco por la falta de sentido que tengo en este momento. Me enfurezco con este desasosiego.
  18. Se muy bien cómo reconfortar a los demás. Cómo hacerlos sentir especiales a cerca de sí mismos, fuertes y seguros. Sé cómo ayudar a crecer un alma. Me gusta ayudar a los demás, verlos brillar y ser la mejor versión de sí mismos.
  19. Tengo "tantos amigos"y tan pocos. No he conocido a una persona más sola que yo.
  20. He descubierto que soy hermosa, por dentro y por fuera. He descubierto que en ocasiones está bien estar enojada y no pasa nada por compartirlo; que la vida es más allá de blanco o negro. Que hay miles de matices. Que a veces me siento mediocre. Que nunca me había sabido bonita.

Soy del tamaño de lo que veo.

Hay momentos en la vida en que hay que hacer un alto. Dejar que el silencio se apodere de uno, respirar profundo y las respuestas llegarán, como dictadas por una voz insonora, desde el más profundo resquicio del alma. Hay momentos para reír y momentos para callar; hay momentos para detenerse y otros para caminar. Tal vez mis pasos nuevamente caminen solos; nuevamente las huellas en mi camino serán sólo las mías, tan profundas y solitarias como siempre. La lucidez ha llegado a mi vida; soy del tamaño de lo que veo y hoy, soy muy pequeña, soy muy frágil y soy muy liviana, tanto que puedo flotar sin esfuerzo. Hoy desaparezco.

sábado 17 de noviembre de 2007

7-Septiembre-98

Entonces, lo tomé entre mis brazos, aún lo recuerdo. Su cara agrietada por las garras incomprensibles del tiempo; su cuerpo amarillento y enclenque y sus letras desgastadas de tanto ser pensadas.

No me importó su apariencia y decidí amarlo aunque fuera un instante, sumergirme entre las telarañas de su mundo y olvidarme de los olores rancios y de las lágrimas absurdas.

Lo observé atentamente y encontré una palabra: esperanza y en mi mente se comenzaron a recrear formas de colores ajenos a la realidad y con siluetas más parecidas a la visión Daliliana que a la copia exacta de un instante. La emoción de haberle robado sus secretos todavía ríe entre mi sangre. Cada vez que lo tomo entre mis manos, cada vez que le robo su esencia y caminamos de la mano por un sendero paralelo al tiempo reinante.

A partir de ese momento todo cambió…un nuevo sentido tocó mi existencia…algo ardió por dentro, se abrió un espacio alternativo en el que podía transitar segura, en donde los demonios no pudieran alcanzarme.

A partir de ese momento, encontré a un amigo inseparable, quien me resguardaría en el largo y pesado camino que me restaba por vivir.

Después de 14 años de comunión aún seguimos juntos, con diferentes rostros, a veces sin manos, otras tantas sin pies ni cabeza; tomamos una taza de café caliente y nos fusionamos en su vapor, lloramos un instante la muerte de la Dama de las Camelias o nos reímos por la absurda muerte de la tía Pita.

Cuántas cosas hemos aprendido; yo, comencé a sacar fuerzas de los hilos frágiles de mi alma, mi intelecto derrumbó las etiquetas adquiridas y juguetea lúdico con los cánones del conocimiento.

Veladas tranquilas, con los rayos azules de la Diosa arrullándonos con su canto compartimos Sócrates, Platón, Nietzche, Descartes y tantos otros que rompían las cadenas del tiempo y me dejaban tocar su experiencia y yo, deshojo las paredes de Sabines y se me parte el corazón al caminar con la cojita embarazada.

O beso a los amorosos o me enfurezco con los funestos sucesos de una terrible guerra que arrancó las fuerzas de vida de las flores.

Desde que lo encontré nunca he vuelto a estar sola; me ha hecho fuerte, he viajado con sólo cerrar los ojos, he amado, he sufrido, he llorado…he aprendido a ver la realidad a través de tan distintas y antagónicas miradas; me ha encaminado a ser un humano completo, sensible con la capacidad de tomar a una estrella y convertirla en nube u opacar el sol con una mirada.

Me ha acompañado en mis noches de silencio, en las que la fuerza vital se ha agotado y la muerte pretende hundirme en su melancolía, cuando encontré a mi alma gemela, en los momentos en los que he deseado romper la conexión de mi alma, para siempre. Ahí, silencioso, a la expectativa, aguardando que mis manos lo revivan con su calor y mi mente con sus caricias.

Me ha dado valor, me ha enseñado que la esperanza aún existe, que saldrá el sol después de una pesada oscuridad.

Desde la primera noche que estuvimos juntos me enamoré de él…y ahora no podemos dejarnos…mi primer amigo fue un libro y espero que la última luz que vez antes de dejar este mundo sea la suya para que me lleve de la mano, como siempre y no tenga miedo de soñar.

sábado 3 de noviembre de 2007

Encuentros

En este momento me encuentro en medio del rediseño de mí misma. Siendo un ser humano en constante evolución, he cometido una gran cantidad de desaciertos en mi vida, he herido personas, me he traicionado a mí misma, he callado cuando en realidad quería hablar, he hablado cuando el silencio era el sentimiento predominante; sin embargo, es tan lejano y ajeno mi pasado que en ocasiones pareciera tan sólo el recuerdo del recuerdo de un libro o una vieja película. Poco a poco estoy siendo fiel a mí misma, minuto a minuto me convierto en el ser humano que siempre he sido y que, como por una inercia desconocida, extravió el camino en una vida paralela. Ahora recuerdo y parecieran los recuerdos de otro. Ahora me siento y pareciera que, como el ave félix, estoy renaciendo de entre las cenizas. No logro comulgar las infinitas partes de mí que son como un prima, reflejando tan variada luz de acuerdo a la cara. Todas la misma, diferente disfraz. Últimamente he tenido oportunidad de regresar al mundo; de contactar personas importantes en mi vida, perdidas en medio de una sinfinidad de silencios, olvidadas en un rincón apartado de mi memoria pero con un lugar especial en mi corazón. Me he sorprendido al descubrir que hay tantas almas que me recuerdan no importando que hayan pasado años desde la última vez que cruzamos un pensamiento, una palabra, un encuentro. Me he llenado del cariño que te proporcionan los reencuentros, los recuerdos de mí misma a través de los ojos de terceros; el cariño que ha perdurado a través del tiempo y la distancia, que ha vencido la indiferencia y el olvido. De la misma manera que los viejos sentimientos se renuevan, nuevas personas entran en mi vida. Una necesidad imperiosa de generar lazos con personas que están dentro pero en realidad están fuera. Que forman parte de mi realidad pero no exactamente. Voces que exigen cercanía, intercambio, conocimiento mutuo. Sus palabras se han callado por el momento, se que volverán pronto, ojalá, ya que tanta belleza no puede morir en el intento. Hoy, un día de otoño, sumamente lúgubre y lluvioso, me abrazo con un abrazo de luna llena y un misterio de mar.