martes 21 de julio de 2009
martes 10 de febrero de 2009
Momentos fallidos
Después de una eternidad de silencios abrió los ojos y se había convertido en polvo; el lugar que habrían de ocupar sus sentidos había dejado paso a los olores enmohecidos del recuerdo, despitando el rocío del cielo y la quietud del mar.
Pretendió esbozar un pensamiento o tan sólo promulgar una efímera sonrisa pero sus brazos y sus pies estaban amordazados por su inexistente corporeidad.
Aún así, golpeaba precipitadamente las paredes de su cárcel, provocando inmensos torbellinos de melancolía…la desesperación de haberse reducido a millones de partes de la nada, confundía los ligamentos de su imaginaria cabeza….no era nada y, sin embargo, en el ambiente flotaban suspendidos trozos de recuerdos, desfigurados por el paso del tiempo.
Se escuchaban voces roídas que, imperceptibles, invocaban sueños, recordaban que algún día recordaban, sin fijar tan sólo un segundo su recuerdo.
La lúdica oscuridad de los silencios es una cárcel aterradora…su nueva constitución palpitaba entre el murmullo incansable de la soledad, pretendiendo encontrar la luz que lo transportara a nuevos senderos o que lo arrojara una vez más, pero para siempre, al valle ardiente de las brasas y los momentos fallidos.
lunes 6 de octubre de 2008
Las voces
Sus ojeras eran cada vez más notorias y su nerviosismo aumentaba a medida que las noches se hacían días y el tiempo sin dormir se acumulaba. Vivía en una cárcel amarga, solitaria y dolorosa. Desprotegido ante su turbación no encontraba otro consuelo más que rezar. Nunca había sido creyente. No estaba seguro que existía algún dios y la iglesia -todas las iglesias-, se le hacían una interminable pantomina. A pesar de eso, algo había en rezar que le producía una profunda calma. Era un consuelo que le ayudaba a matar el tiempo y a que la mañana pareciera más cercana.
No recuerda con exactitud el primer ataque de pánico. Tal vez fue después de aquella carta. O después del entierro. No recuerda cuándo las voces comenzaron a emerger del silencio y las sombras tomaron formas y actitudes humanas. Terroríficas. Tal vez fué cuando se defraudó así mismo en uno y otro acto de cobardía. Cuando soltó las formas y las tradujo en pensamientos. Si, seguramente fue ese día. En el que tomó el auto a un viaje sin destino y regresó vacío, tan vacío como la nada pero tan lleno de vacío. No hubo cabida para nada más. Las voces, ahora lo recuerda con tanta claridad, comenzaron a murmurar despacio, tímidas, discretas para tomar fuerza con cada noche y gritar sin piedad para ser escuchadas. Las noches avanzan, con ella el miedo se refuerza y se vuelve intolerable. Un día el estupor por fin se detuvo. La noche cayó. El miedo se evaporó y la paranoia se fue con el último suspiro. Sin embargo, las voces continuan. Se encuentran mudas, asechando desde la obscura esquina, estudiando desde lejos, al que será su próxima víctima.
miércoles 1 de octubre de 2008
Otoño en mi alma
jueves 22 de mayo de 2008
De cabeza
Reflexión
miércoles 21 de mayo de 2008
Huérfana busca.
Un buen tabaco, unas copas y mujeres siempre fueron la combinación perfecta para aprovechar la vida. Fue la única certeza que he tenido, hasta hoy, que el olor a muerte me ronda y sé que mis minutos están contados. Me doy cuenta que me he vuelto a distraer, desde que empecé a envejecer sucede muy seguido, más seguido de lo que me gustaría. Ahora le hablo, imaginando que me escucha pues supongo su indignación debe ser muy grande. Sé que me abandorá pronto. Al morir yo será muy fácil. He terminado. La coloco nuevamente en la cama y con la poca luz que llega desde la farola de la calle puedo percibir su ruda belleza. Me siento satisfecho y quiero imaginar que sonríe. Me acuesto a su lado y cierro los ojos. Escucho cómo los pasos de la diosa obscura se acercan de manera firme. La tomo de la mano y, con lágrimas en los ojos, le pido disculpas por tanto olvido. Me sumerjo poco a poco en un plácido sueño. Le digo adiós en silencio. Ella se levanta, tranquila, y enciende la luz. Mira su reflejo frente al espejo. Brilla. No se reconoce. Está ansiosa, entre feliz y triste. Muy desorientada. Toma un cigarro, lo enciende y me da un beso en la mejilla. Por fin es libre y, sin embargo, no sabe qué hacer. Toma un pedazo de cartón y escribe algo. Sale del departamento en ruinas, pensando en el porvenir y cierra con cuidado la puerta. Se aleja silbando una vieja canción de juergas.
La vida al parecer, no fue fácil para ella. He escuchado decir por ahí que se le ha visto, en una esquina, sentada y sucia, vagabunda. Cuentan que ha perdido la razón y muestra su gastado letrero a los asustados transeúntes: alma huérfana busca dueño. Fuí limpiada una vez. Siempre guardo silencio.
